Taller d’escriptura creativa

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Suspiros del corazón

Eres la nieve de mi vida,
el resplandor de mi corazón,
cuando te veo imagino,
que tú eres el sol,
eres el reflejo de la luna en mi ilusión.

Cuando estoy contigo estamos en las estrellas
desde ellas vemos el amanecer
me recuerdas historias bonitas como los dos en la torre Eiffel,
a tu lado mi alma está en calma.
Y yo sigo siendo fiel.

Eres el brillo de la luna
el silencio del desierto
la brisa de la colina
y el respiro que yo siento.

Darío Riera Martos (9 años)

QUERIDO SANTA CLAUS, QUIERO UNA ESTRELLA:
Mañana es Navidad, y como cada año voy a pedir una estrella, nunca me la traen, pero vale la pena intentarlo. Los demás niños de la clase me llaman “Rarito”, porque ellos siempre piden balones de fútbol o videojuegos, y yo pido una estrella, pero nunca me la traen, siempre me traen o un peluche de estrella o una manta de estrella, por eso este año he especificado más y antes de enviarla al Polo Norte he añadido:
“Quiero una estrella de verdad”.
A la mañana siguiente me sorprendí mucho al no encontrar ningún paquete, solamente a un niño que brillaba mucho.
-Hola -me dijo- ¿Cómo te llamas?-Manolo, y tú? -le dije yo-Lani, Lani la Estrella.
Estaba tan embobado contemplándole que no pensé cómo es que hablaba el mismo idioma que yo.
Cuando le pregunté de dónde venía me dijo:
-Del espacio, pero hace poco vino un señor gordo con barba blanca y un carro tirado por renos y me trajo aquí.-Bobo,-le dije yo- ese “señor gordo” es Santa Claus.-¿Santa Claus?-me dijo.-Si Santa Claus, es como un duende que una vez al año nos trae regalos a los niños.
Después de pasar un rato con Lani tuve una idea genial:
-¡Lani ven!, Vamos a hacer galletas.
Después de explicarle lo que son las galletas y asegurarle que no eran venenosas las hicimos y quedaron buenísimas.
En cuanto se hizo de noche Lani desapareció y una estrella volvió a brillar en el cielo.
Desde ese día y aún lo hago (28 años más tarde) siempre pido para navidad:
“Querido Santa Claus, este año quiero a Lani”.
Y cuando lo veo charlamos, hacemos galletas y yo ya me he acostumbrado a ver desaparecer una estrella una noche al año, para volver a aparecer a la noche siguiente.
Y no me preocupo, porque él crece conmigo y lo puedo ver una vez al año.

Blanca, 10 años


EL CONEJO BERNARDO

Hace mucho tiempo  nació en un gran valle, dentro de una cálida madriguera, un pequeño belier, que es un conejo con orejas caídas.

Tenía dos hermanos blancos como él y sus padres eran de color marrón.

Era su primera navidad y Bernardo estaba aburrido porque sus padres estaban súper ocupados con los adornos navideños y preparando la comida para hibernar.

Entonces decidió escaparse para hacer nuevos amigos. Se encontró en medio del valle un conejo joven como él, que se llamaba Eloy, color canela con las orejas para arriba.

Eloy quiso enseñarle el valle cuando de repente aparecieron dos cazadores, los cogieron y se los llevaron a su casa para comérselos.

Cuando llegaron a su casa, los metieron en una jaula, el hijo de un cazador que le encantaban los animales y no le gustaba que los mataran, vio a los pequeños conejos y le dio mucha pena, así que se los llevo a su habitación a escondidas, aprovechó un descuido de su padre para liberar a los conejos en el Valle.

Los dos conejos corrieron a la madriguera de Bernardo y como Eloy no tenía padres se convirtió  en uno más de la familia.

Los dos conejos aprendieron a no meterse en líos y pasaron una muy feliz navidad.

Autora:

Martina Jiménez, 7 años

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